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domingo, 30 de junio de 2013

Abd al-Rahmán III y el Norte de África.

   Veintiséis años había tardado el califa en lograr reducir las insurgencias y a los rebeldes, especialmente de aquellos que actuaban como señores independientes en las Marcas. No fue tarea fácil lograrlo, ni lograr que todos reconociesen su autoridad y le rindieran vasallaje para que el Estado islámico no presentase ninguna fisura, pero una vez logrado, puso las miras en más allá del Estrecho, en Ceuta, que era decisiva para controlar el Magreb occidental y poder contrarrestar el poder , cada vez más asentado, de los fatimíes.
   Según el relato de Ibn Hayyan, los ceutíes entregaron su ciudad, pacíficamente al califa andalusí, pidiéndole que les enviase un gobernador y fuerzas para su defensa. El 25 de marzo de 931, la flota califal, al mando del almirante Fary ibn Ufayr, se presentó ante esta ciudad, ocupándola sin ningún tipo de problemas y sin ningún tipo de resistencia. Al día siguiente, en la mezquita, en el primer sermón se invocaba el nombre de Abd al-Rahman III. En Ceuta se asentó una fuerte guarnición militar y se la fortificó. Pero esta ocupación no gustó a todos en el norte de África. Los príncipes idrisies intentaron ocupar la plaza, pero fracasaron y poco después, Muhammad ben Idris, escribió una carta de disculpa Abd al-Rahman III, en la que expresaba la sorpresa por la toma de Ceuta y se ofrecía para el servicio del califa.
   El control de Ceuta suponía el dominio del Estrecho, algo muy importante habida cuenta de que los nuevos reinos norteafricanos muy bien podían poner los ojos en al-Andalus. Pero la suerte sonrió al califa andalusí pues el emir de los Miknasa, que estaba al lado de los fatimíes, decidió reconocer al omeya. Por lo visto estaba molesto porque su hijo, Midyan, fue expulsado de Fez, ciudad de la que era gobernador, por un general fatimí. Sólo pidió a cambio de su obediencia el que Abd al-Rahman III le permitiera continuar su lucha contra los idrisíes. También, en aquellos momentos, se habia fortalecido la alianza entre el califa y el jefe de los zanatas, Muhammmad ibn Jazar.
   Los omeyas iban consolidando una posición en el norte de Africa, ante la preocupación de los diversos sectores. La rama idrisí de Banu Muhammad, atacó en 933, la ciudad de Arcila. Sus habitantes pidieron auxilio a Abd al-Rahman III, que envió una flota en 934. Pero el peligro real vendría a través de los más fuertes, los fatimies, en 935. Un año antes se había producido un cambio importante en el califato fatimí, accediendo a él al-Qasim. Maysur, jefe de los ejércitos fatimíes, tomó Fez y reconquistó varios territorios en el Magreb que fueron entregados a sus mayores aliados en aquellos momentos, los idrisies de los Banu Muhammad. Otro fatimí, Sandal, entró victorioso en la ciudad de Nakur.
   El papel de los omeyas que se habia acrecentado en el norte de Africa, se les estaba complicando peligrosamente, y había que actuar con rapidez. En el año 936 una flota omeya muy bien dotada, que de ser ciertas las crónicas, constaba de 40 navíos y unos 3.000 tripulantes, zarpó de Ceuta para recorrer las costa norteafricana y dejarse ver, y actuar, si se presentaba el caso. La flota omeya, a finales de este mismo año 936, cosechó sus primeras victorias, venciendo a los fatimies en Nakur, la isla de Rasgun y en la ciudad de Yarawa. También, es más que posible que , en el curso de esta expedición marítima, los omeyas conquistasen la ciudad de Melilla. Ab al-Rahman III había recuperado el contro del espacio entre las costa sur de al-Andalus y el norte de África. Parece, además, que la suerte sonreía al primer califa pues, uno de los generales fatimies, Humayd ib  Yasal se presentó en Córdoba para ofrecer sus servicios al califa, que aceptó el ofrecimiento, convirtiendo a este general en uno de sus colaboradores más eficaces. Poco
después, en el año 938, moría el jefe de los zanatas y le sucedía su hijo, Maydan ibn Musa.
   Pero la escena norteafricana iba a cambiar muy pronto, cuando hizo entrada en ella un personaje singular, Abu Yazid, conocido popularmente como " el hombre del burro ". Era un beréber perteneciente a los zanatas, que se dedicó a predicar la doctrina jarichi. El nuevo fervor religioso se tradujo en una actuación militar que conquistó, en sólo dos años, 944 y 945, las ciudades de Beja y Qayrawan. el califa fatimi, al-Qasim, asustado ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos, se refugió en al-Mahdiyya. La doctrina del " hombre del burro ", era totalmente herética y más desde el punto de vista suní, que era la ortodoxia practicada en al-Andalus, pero esto no impidió que el omeya Abd al-Rahman III les prestase su apoyo, pues, estos herejes islámicos actuaban contra sus enemigos fatimies. Pero esta revolución jarichi, se fue diluyendo en el tiempo, especialmente con la muerte de Yazid, sucedida en el año 947.
   Parecía que la influencia omeya, con sus altibajos, seguía consolidándose, con la sumisión de los idrisies y la adquisición de la importante plaza de Tánger, se cree que sobre el año 951.
   Unos años más tarde, en 955, tendría lugar un suceso que pudo tener graves consecuencias para la política marítima que venía desarrollando el califato cordobés. Un barco fatimí, que partió de la isla de Sicilia con destino a la ciudad de Mahdiyya, fue interceptado por un buque andalusí que iba a Oriente cargado de mercancías.
   El califa fatimi, al enterarse de este hecho dio la orden de que su escuadra respondiese a semejante humillación, con todas sus fuerzas. El éxito de la marina fatimi se concretó en su entrada en el puerto de Almería, el 18 de julio de 955. Destruyeron todos los barcos allí anclados, mientras los marinos fatimies se dedicaban a causar los mayores estragos posibles. Consiguieron un gran botín y regresaron a sus bases sin sufrir daño alguno. Por primera vez, los soldados fatimies hollaban suelo andalusí, suelo español. Es fácil imaginar la indignación de al-Nasir ante estos acontecimientos. Lo más inmediato fue que, desde los minaretes de las mezquitas, se lanzasen maldiciones contra los herejes shi ´ies. Sin embargo, la actuación de tipo práctico contra los fatimies, con la flota al mando del general Galib, no obtuvo ningún resultado. Otra cosa fue, en el año 957, la actuación de la escuadra califal, con setenta navios, que causó grandes destrozos en varias ciudades norteafricanas: Marsá al-Jaraz, ciudad que fue incendiada, Susa y Tabarca. El califa omeya fortificó la ciudad de Ceuta, activó los trabajos en la atarazanas para mantener a punto la marina de guerra y planeó la posibilidad de alcanzar una alianza con el emperador bizantino.
   Aún el peligro fatimí se mantenía. en el año 958, un ejército fatimí al mando del liberto Yawhar, ocupó las plazas de Soyilmasa y de Fez, así como una gran parte de lo que es el Marruecos actual. A finales del año 959, bajo el control directo de Abd al-Rahman III sólo quedaban en Africa del Norte, Ceuta y Tánger. Los señores del Magreb no tuvieron más remedio que reconocer al califa fatimí al-Muizz. Previsor, el califa omeya fortificó Tarifa para asegurar la posición desde el lado andalusí, de la salvaguardia del Estrecho de Gibraltar. A la muerte de Abd al-Rahman III, en 961, la influencia cordobesa en el Magreb era mínima.

al-Andalus de Concha Masiá.


viernes, 28 de junio de 2013

Al-Quddus

Hijito te voy a contar un cuento, y después debes dormirte, apagaré la luz y debes continuar el cuento que yo te cuente ahora...
      Al-Quddus
Erase una vez un niñito pequeño llamado Tâher. Estaba su mamá bañándolo cuando de repente le hizo una tímida pregunta:
-Mamá ¿por qué debo bañarme todas las noches?
Su mamá respondió: -Hijito, debes estar limpio, todos los días. Te ensucias jugando, moviéndote, comiendo... y debes estar limpio para que todos te vean aseado y presentable en el colegio.

-Pero mamá, a mi no me gusta bañarme, y es un agobio bañarse todos los días.
-Hijito, responde una pregunta... ¿te gusta jugar con los juguetes?
-Si, mamá, me gusta mucho.
-Y... ¿te gusta ordenar los juguetes una vez que acabaste de jugar?
-No, mamá, eso no me divierte.

-Pues para no perder tus juguetes debes ordenarlos y colocarlos en su lugar, no es divertido pero es necesario, todas nuestras acciones tienen una parte divertida y otra no tan divertida, sólo debes usar tu imaginación para divertirte en las acciones aburridas.
-¿Y como puedo divertirme mientras me bañas, mamá?
-Imagina que estas en una misión, y debes buscar un tesoro, después debes vestirte e ir a la isla, entonces dormirás y soñarás aventuras.

Mientras la mamá de Tâher colocaba un pequeño juguete en el fondo de la bañera le decía: -¿No te parece divertido?
Tâher emocionado contestó: -¡Que divertido mamá! !Encontré el tesoro! ¡Es mi juguete favorito!
-Muy bien, dijo su madre, ahora que encontraste el tesoro debes llegar a la isla.
-¿Que es la isla mamá?
-Es tu cama hijito.
-Vale, ¡Vamos! ¡Deprisa, mamá! Quiero llegar a la isla.
-Espera, hijito, debes ir bien vestido a la isla.
-¿Me puedo poner un esmoquin con pajarita, mamá?
Su mamá sonreía, mientras decía: -No hijito, a la isla debes ir vestido con el pijama de barcos que te compré.
-¡Es verdad, mamá! ¡Ya lo había olvidado! ... Y antes de llegar a la isla, me vestiré con el pijama de barcos, ¡vamos, mamá! vísteme deprisa, quiero llegar a la isla.
Su mamá le vistió y lo llevó a su cama, ¡que feliz estaba Tâher!, su mamá le dijo: -¿Que hay en esa isla hijito?
-Veo palmeras, mamá, ¿quieres que coja un coco para comer?

La mamá se reía de la gran imaginación de su hijito, mientras le decía: -¿Y si están protegidos por monos?
-No mamá, en esta isla no hay monos, sólo hay una palmera y mucha arena... y también un sol dibujado. Tâher esta mirando los dibujos con que estaba decorada su cama, fue entonces cuando su mamá le contó un cuento para que se durmiera.

-Hijito te voy a contar un cuento, y después debes dormirte, apagaré la luz y debes continuar el cuento que yo te cuente ahora, ¿estas de acuerdo?
-Si, mamá.

Érase una vez un rey que poseía un enorme reino, tenía muchos sirvientes y todos le servían con amor, pero un día, decidió viajar a las aldeas mas pobres de su reino, y encontró muchas personas, todas se inclinaban y postraban a la presencia del rey, después de eso, quiso conocerlos y saber qué cosas necesitaban para mejorar su situación, ya que eran aldeas muy pobres, y convocó una asamblea para que las personas se acercasen al rey, cada día en cinco momentos diferentes del día.
La primera asamblea era muy temprano, se llamó la asamblea fayr, esta asamblea era muy importante porque estaban presentes además del rey, los funcionarios del rey que venían de diferentes partes del reino para pedirle muchas cosas, y los aldeanos notaban la amabilidad, la entrega y la felicidad con la que le pedían al rey los funcionarios, se percibía un ambiente muy sagrado y además el rey tenía en consideración el esfuerzo de los aldeanos al levantarse tan temprano para pedirle, ya que la asamblea fayr era en la noche, antes del amanecer, mientras todo el pueblo dormía.
A esta asamblea, sólo vinieron unos pocos, los demás preferían quedarse durmiendo, ya que contaban con cuatro asambleas más para pedirle al rey.
Todos los aldeanos que vinieron a esta asamblea vinieron limpios y perfumados, y el gran rey escuchó sus ruegos y les prometió darles de Su favor, pero les dijo que debían ser pacientes y esperar Su promesa.

La segunda asamblea era a la sexta hora del día, y hacía mucho calor, además los pobres aldeanos debían trabajar, esta asamblea se llamó asamblea duhur, muchos aldeanos se acercaron mal olientes y sucios a la asamblea, pero no se les dejó entrar, pidieron y pidieron a las puertas de la asamblea, pero se les dijo:
-Ante el gran rey, limpio te presentarás, y cuando limpio acudas a la asamblea, se te dejará entrar y el rey tu ruego escuchará.
Uno de los aldeanos corriendo fue a su cabaña, tomó una ducha, y se perfumó.
Trató de llegar lo antes posible a la asamblea, pero no llegó a tiempo por lo que esperó a la siguiente asamblea, mientras esperaba el anuncio de la tercera asamblea, unos aldeanos maleducados pisaron un charco de agua sucia que había junto a este aldeano y lo ensuciaron por completo, mientras esto ocurría, se anunció la tercera asamblea:

¡Aldeanos! La tercera asamblea ha comenzado, asamblea de asr.
Todos los aldeanos se acercaron a la asamblea, a unos se les dejó entrar pero a otros no, mientras que el aldeano al que ensuciaron tuvo que ir a su cabaña de nuevo, pero no encontró ropa limpia para ponerse, por lo que triste lloró y lloró, pero como tenía mucha fe, dijo:
-Quizás mañana todavía esté yo vivo y pueda ver de nuevo al rey en nuestra aldea.
Por lo que se dijo a sí mismo: -Esta noche, cuando termine el trabajo, lavaré mi ropa y la pondré a secar, quizás pueda vestir mi ropa limpia por la mañana y pueda yo ver al gran rey.
Mientras este aldeano trabajaba, se convocaron las dos restantes asambleas, asamblea magrib y asamblea ishá, pero sucedió que al día siguiente el rey se fue de aquella aldea, y no hubo más asambleas, es por esto que el aldeano se entristeció mucho y dejó de bañarse y perfumarse, trabajaba pero ya no se preocupaba por su limpieza.

Sucedió que un día, vió una convocatoria en el centro de la aldea que decía:
"Estad limpios todos los días, porque el gran rey vendrá sin aviso previo".

Todas las personas no dieron importancia a esta convocatoria, ya que pensaban que lo había escrito un aldeano, y no un funcionario como bien decía la convocatoria.
Desde ese momento, el aldeano comenzó a bañarse y a perfumarse todos los días, esperando el día en que vendría el rey sin aviso previo, no hubo ningun día que no se bañase, pasaron días, semanas, meses, hasta años.
Las personas de la aldea veían tan limpio al aldeano día tras día, que le empezaron a llamar Abd al-Quddus (Siervo del Mas Puro).

La mamá de Tâher paró de leer el cuento, porque su hijito hacía tiempo que se había dormido, había estado jugando todo el día y tenía mucho cansancio.
La mamá guardó la segunda parte del cuento para cuando su hijito fuese mayor, ya que los niños necesitan entender la importancia de la limpieza exterior pero no la interior, no es sino en la etapa adulta cuando necesitan entender la importancia de la limpieza interna del corazón.
Sólo Allah es Al-Quddus (El Santísimo):
Lo que está en los cielos y en la tierra glorifica a Allah, el Rey, el Santísimo, el Poderoso, el Sabio.

Sagrado Corán 62:1

jueves, 27 de junio de 2013

Azahara y Abderramán III

Un viento suave se desliza entre los almendros, estremece sus ramas y acaricia levemente las florecillas rosadas que se desprenden y caen sobre la tierra. Una vez más, el Yebé Alarús se viste de gala y nos trae a la memoria una hermosa historia de amor.
Aconteció durante los últimos años del siglo X, cuando Córdoba no se llamaba Córdoba sino Qurtuba y Abderramán III era el primer califa Omeya independiente de Bagdad.
Era esta una ciudad populosa donde convivían gentes de todas las razas y religiones. A ella acudían sabios, alarifes, poetas y músicos de todos los rincones del mundo. Florecían las artes, progresaban las ciencias, se mezclaba lo autóctono con las nuevas influencias recibidas del exterior. Todo lo asimilaba y todo lo hacía suyo.
Era Abderramán un califa audaz, enérgico y valeroso. Su constancia y talento político hicieron posible la unidad y pacificación de Al-Andalus. Consiguió imponer respeto a los cristianos del Norte y acometió con arrogancia la reorganización de de su autoridad soberana.
Para agasajar al califa solicitando su protección o agradeciendo su ayuda, los monarcas de otras tierras enviaban fabulosos regalos: Extrañas obras de arte, piedras preciosas, libros de incalculable valor y hermosas esclavas. Azahara fue una de ellas.
Cierto día paseando Abderramán con su gran séquito de cortesanos por el patio de naranjos de la Gran Aljama, vió aparecer una comitiva formada por una larga fila de mulas ricamente enjaezadas, cargadas de innumerables tesoros. Detrás, una docena de eunucos custodiaban a varias cautivas de sorprendente belleza. Todo ello constituía una ofrenda del emir de Granada al califa de Córdoba.
Era Azahara la joven más hermosa de la comitiva. Procedía de Elvira ( Granada ) y el tumulto de la gran ciudad la llenaban de turbación y asombro. Sus ojos eran tan negros que hicieron saltar chispas de fuego en el corazón de Abderramán. Tanto ardor sintió el califa dentro de sí que apartando a la muchedumbre se acercó a ella y le preguntó:

.- ¿Quién eres, mujer?¿Cómo te llamas?
.- Azahara, mi señor

Así fue como Azahara se convirtió en favorita de Abderramán.
Los cronistas de la época apenas han dejado constancia de su existencia, tan solo nos dicen que habiendo recibido Abderramán III el legado de una gran fortuna, quiso emplear ese dinero en el rescate de prisioneros de guerra, pero tras enviar a sus emisarios a través de las Marcas (León y Navarra) y no encontrar ni un solo prisionero islámico, una muchacha del harem llamada Azahara le inspiró la construcción de una ciudad que llevara su nombre y sirviera para gloria del califato.
Abderramán hizo venir desde Bagdad y Constantinopla a los geómetras más prestigiosos de la época. De Bizancio llegaron los maestros escultores que sabían cortar y pulir el mármol extrayendo de él toda su belleza. Junto a ellos, los artesanos cordobeses tallaron la piedra hasta darle el aspecto de un sutil encaje. Los materiales empleados eran los más raros y preciosos, llegaban venciendo mil dificultades, cargados en grandes bajeles, desde todas las partes del mundo conocido.
El 19 de Diciembre del 936, se pusieron los cimientos de esta gran ciudad palatina. Se dice que en la puerta principal del recinto el califa mandó colocar la efigie de Azahara, la elegida de su corazón.
Tenía la ciudad más de tres mil cuatrocientas columnas, cuyos arcos, de marfil y ébano estaban incrustados de adornos de oro y piedras preciosas. Se llegaron a contar más de quinientas puertas reforzadas con placas de bronce bruñido. Las paredes del Salón del Trono eran de mármoles variados y jaspes transparentes como el cristal, los techos estaban revestidos de mosaicos dorados cubiertas con tejas de oro y plata y del centro de las bóvedas pendían hermosas perlas.
Asimismo hizo construir fuentes y acequias que hacían sonar el agua de treinta y ocho modos diferentes para exaltar o serenar el ánimo y en una dependencia del palacio instaló una enorme jaula llena de pájaros exóticos y un parque zoológico con fieras traídas de África.
Sin embargo, Azahara estaba triste. Abderramán le preguntaba.
- ¿Qué te ocurre, mi amor?, dime lo que te falta y yo lo traeré.
- Ni con todo tu imperio y poder podrías conseguir lo que yo quiero.- respondía.
Llena de melancolía, Azahara miraba las montañas rojizas. Pensativa, recordaba los lugares de su infancia y el manto de nieve que cubría la Sierra de Elvira cuando llegaba el invierno.
Para que volviera a sonreír, Abderramán ordenó cubrir de almendros el monte de la Amada, y Sierra Morena se puso blanca de amor como una novia.
La vida de Azahara fue breve, tan breve como la ciudad que por su amor fue construida. Abderramán, convertido en un anciano miraba a su alrededor y decía:

" Desde Al-zahara te recuerdo con pasión. El horizonte está claro y la tierra nos muestra su faz serena. La brisa desmaya con el crepúsculo. Parece que se apiada de mi y languidece, llena de ternura. Los arriates me sonríen con sus aguas de plata, que parecen collares desprendidos de las gargantas. Así fueron los días felices que ya pasaron, cuando, aprovechando el sueño del Destino, fuimos ladrones de placer. ¡ No conceda Dios la calma al corazón que desista de recordarte y que no vuele a tu lado con las alas trémulas del deseo ! ".

sábado, 22 de junio de 2013

Una aproximación a la vida personal y familiar de Abd al-Rahman III

   El primer califa fue objeto de todo tipo de alabanzas por los cantores y poetas de la corte, no se sabe si como simple adulación o porque realmente Abd al-Rahman III estuviera adornado de todas las virtudes imaginables. Desde luego se trataba de un gobernante muy superior a sus antecesores, con una inteligencia clara y una determinación a toda prueba que parece era una de las características de la mayoría de los omeyas. Tenia sentido de la justicia y escrúpulos morales que se pusieron de manifiesto en la siguiente anécdota. Un día, salía el califa del palacio cuando se le acercó un loco haciendo extraños visajes y gritando. Los eslavos que constituían su guardia personal, se echaron encima de aquel extraño personaje y lo mataron. Creían que podía ser un jarichí, o sea, un miembro de la secta islámica que consideraba que sólo eran legítimos los dos primeros califas después de Mahoma, y que deseaba atentar contra la vida de Abd al-Rahman. este reprendió a su guardia con mucha severidad por haber procedido de aquella manera tan sumaria, y mandó buscar a los parientes del pobre loco, indemnizarles y diciéndoles que, mientras él viviera, gozarían de su protección.
   sin embargo, este califa ejemplar en algunos sentidos, también tuvo sus detractores, que le acusaban de tener defectos importantes, en concreto que era demasiado amante de los placeres y que, con frecuencia, se comportó con excesiva crueldad con sus enemigos, Ibn Hazm, historiador y poeta insobornable, decía que se había lanzado al pecado y que había hecho colgar a los hijos de los negros de una noria para sacar agua hasta que perecieron, ademas de otras fechorías ocultas que sólo Dios conocía.
   En cuanto a su vida familiar podemos decir que , sin duda, se educó en el harén, junto a su madre, con todos los mimos y consideraciones de su abuelo y de numerosos servidores.
   Se conoces cuáles fueron sus esposas principales: Maryan o Murchan, de origen cristiano, conocida como la " Gran Señora ", mujer inteligente, de carácter bien asentado y madre del futuro califa, al-Hakam; y Fátima, de condición libre, hija de su tío abuelo al-Mundhir. Estos casamientos entre parientes solían ser habituales en la sociedad islámica, y más dentro de la familia gobernante. En los últimos años de su vida, Mustad fue su favorita, pues sus anteriores esposas ya habían fallecido.
   Parece que entre las dos esposas principales hubo sus mas y sus menos. Según cuenta Ibn Hayyan, Maryan compró a Fátima una noche que el califa había destinado a pasar con esta última, por  10.000 dinares y, para que constase la venta, Maryan le hizo firmar un papel a la vendedora. Fátima creyó que esta triquiñuela no molestaría al califa, que lo tomaría como un juego entre mujeres. Cuando Abd al-Rahman se dirigía a las habitaciones de su prima, Maryan le salió al paso y le dijo que había comprado esa noche, con todo cuanto poseía pues más estimaba una noche en su compañía que todos los tesoros del mundo juntos. Y para confirmarlo le enseñó el papel que firmara la inocente Fátima. El califa quedó enormemente satisfecho con Maryan y comenzó a detestar a Fátima, capaz de venderle así como así, y el resultado final fue que la repudió.
   La descendencia de Abd al-Rahman fue muy abundante, como es lógico por sus múltiples mujeres. Parece que tuvo 11 hijos y 16 hijas. El primogénito fue al-Hakam y los otros: al-Mundhir, Abd Allah, Ubayd Allah, Abd al-Yabbar, Sulayman, Abd al-Malik, Marwan, al-Asbag, al-Zubayr y al-Mugira. El nacimiento de al-Hakam, que además se produjo en viernes, llenó de alegría al califa que lo celebró con grandes fiestas.
   Cada uno de los hijos varones, cuando llegara a la pubertad, recibían un palacete para que se independizaran, así como diversas propiedades territoriales que les proporcionaban rentas más que abundantes. También se les asignaba un sueldo mensual y una cantidad fija anual, además de administradores y preceptores que se encargaban de su educación. Ser príncipe, aunque no se fuera el heredero, tampoco estaba nada mal. Por si todo esto fuera poco, sus madres, cuando llegaban a la edad propia de ello, les escogían hermosas muchachas para que se iniciaran en los placeres del amor.
   Esta política del califa con respecto a sus hijos, estaba encaminada a que se mantuvieran satisfechos y en paz, alejados de las tentaciones del poder y del acceder al trono. Sin embargo, con su hijo Abd Allah, sucedió una trágica historia. Este príncipe, apodado al-zahid por su mucha piedad, fue acusado de conspirar contra su padre y contra su hermano, el heredero. No se sabe si la supuesta conspiración se trataba de un peligro real, o si fue una calumnia , pero parece que muchos cordobeses admiraban la piedad y la sabiduría de Abd Allah y lo consideraban como el omeya perfecto para ocupar el trono. Lo cierto es que la conjura fue descubierta y Abd Allah fue apresado con el resto de los conspiradores. Estos fueron ejecutados inmediatamente, y el príncipe permaneció en la cárcel por espacio de dos meses, al cabo de cuales, fue degollado delante de su padre, que no tuvo piedad con él. En aquella época, cualquier crimen contra el Estado, auqneu fuera sólo presumible, acarreaba este castigo, sin que causase sorpresa ni en la corte ni en los súbditos.
   En torno a Abd al-Rahman III se movía un gran número de poetas. El papel vital que desempeña, en la cultura islámica, la palabra , que la lengua árabe es muy poética, y que el califa era sumamente generoso con ellos, hizo que fueran muchos los que se dedicaron a cantar sus glorias hasta la saciedad. Martínez Gros ha puesto de manifiesto la gran cantidad de testimonios escritos que nos legó la época califal, y a ese período, que empieza en 929, con la auto-proclamación de Abd al-Rahman III como califa, la ha llamado la  " edad de la escritura ". Hay que apuntar, que la mayoría de los elogios que se dedicaban al califa eran bien merecidos, no en vano había conseguido hacer de al-Andalus un país pacificado, próspero, culto, después de una etapa con muchas pugnas internas que estuvieron a punto de acabar con el emirato omeya.

Concha Masía. Libro al-Andalus.
 

miércoles, 19 de junio de 2013

Personas influyentes de al-Andalus.

Abu Marwan Abd al-Malik Ibn Zuhr 
Nace en Ishbiliya [Sevilla] en 1091, siendo el médico más ilustre de su tiempo. Al contrario de como hacían los estudiantes de su tiempo, centra todos sus estudios en una única rama de la medicina. Al servicio de los sultanes al murabatun [almorávides] primero y de los al muwahadun [almohades] después, sirviendo a Abd al Mu'min. Destaca por un gran espíritu de observación que le lleva a no someterse a las enseñanzas de los antiguos y a realizar curaciones consideradas milagrosas,  descubriendo algunas enfermedades como las inflamaciones y abscesos del pericardio y del mediastino y las parálisis parciales, principalmente la del esófago. Pese a ello es un gran enemigo de la cirugía que rehúsa de hacer sangrar a sus enfermos. Entre sus obras destacan Kitab al Iqtisad fi Islah al Anfus wa al Ajsad [Libro del curso medio sobre la reforma de las almas y los cuerpos] (sobre enfermedades, terapias y medidas de higiene), Kitab al Aghthiya [Libro sobre alimentación] (sobre los tipos de comidas y drogas y sus efectos en la salud) y Kitab al Taisir fi al Madawat wa al Tadbir [Libro de la Simplificación de terapias y dietas] (escrito a petición de Ibn Rushd, a quien se la dedica, es su principal obra). Sus libros serán traducidos al latín y al hebreo y tendrán gran importancia hasta el siglo XVIII. Muere en su ciudad natal en 1162.

Abu Muhammad Abdallah Ibn Ahmad Ibn al-Baitar Dhiya al-Din al-Malaqi 
Nace en Malaka [Málaga] en 1201. Tras estudiar medicina y botánica de la mano de su maestro Abu al-Abbas al-Nabati, recorre al Andalus, Norte de África y Egipto (no se sabe exactamente el itinerario pero si que pasa por Bugia, Qstantunia [Costantinopla], Tunis [Túnez], Trípoli, Barqa y Adalia) recogiendo nuevas plantas y dando a conocer más de doscientas especies nuevas y siendo su fama. Su reputación es tal que los académicos de Egipto le consideran el protomédico de su tiempo. Tras 1224 entra al servicio de al Kamil, el gobernador de Egipto y es nombrado jefe de herbolario. En 1227, al Kamil extiende su dominio a Damasco
e ibn al Baitar le acompaña para poder recoger plantas de la zona. Nombrado Visir y director de los jardines de Damasco, clasifica filosóficamente las plantas, analizando sus virtudes. Escribe notables obras como la Kitab al-Jami al-Adwiya al-Mufrada [Gran colección de medicamentos y alimentos simples], que es sin duda el mejor trabajo botánico de la Edad Media; esta enciclopedia abarca 1400 temas de plantas medicinales y vegetales, de los que 200 son plantas no conocidas hasta ese momento. Su segunda gran obra es el tratado Kitab al-Mlughni fi al-Adwiya al-Mufrada, que es una enciclopedia de medicina en la que las drogas son listadas de acuerdo a su valor terapéutico; sus 20 capítulos asocian las plantas con las enfermedades de la cabeza, oído, ojos, ... La contribución de Ibn Baitar se caracteriza por la observación, el análisis y clasificación . Muere en Damasco en 1248.
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Abu Abdallah Muhammad Ibn Muhammad Ibn AbdallahIbn Idris al-Qurtubi al-Hasani,
Nace en Sabta [Ceuta] en 1099. Educado en Qurtuba [Córdoba], viaja a la corte de Palermo. Pocos datos más se tienen de él pues los biógrafos musulmanes le tienen por un renegado que vive en cortes cristianas trabajando y escribiendo para ellos. Reside un tiempo en la corte de Roger II en Sicilia. Su contribución a la medicina está recogida en varios libros, especialmente en el Kitab al-Jami-li-Sifat Ashtat al-Nabatat. Estudia y revisa toda la literatura existente sobre la literatura referida a plantas medicinales, llegando a la conclusión de que desde el tiempo de los griegos muy pocos conocimientos nuevos se habían añadido a la materia. Recopila plantas y datos de los que no se había escrito hasta la fecha. Así, se recogen un gran número de nuevas plantas con su evaluación como material de medicina. Además, hace contribuciones a la geografía, en especial en lo que toca a los factores económicos, físicos y culturales. Realiza un planisferio en plata para el rey Roger II y describe el mundo en Al Kitab al Rujari [El Libro de Roger], también titulado Nuzhat al-Mushtaq fi Ikhtiraq al-Afaq [La iluminación de quien desea viajar a través de los climas], una enciclopedia
práctica de su tiempo que contiene información no solo de Asia y África, sino también de los países occidentales. Más tarde, al Idrisi realiza otra enciclopedia geográfica más completa titulada Rawd-Unnas wa-Nuzhatal-Nafs [El placer de los hombres y la iluminación de las almas], también conocida como Kitab al-Mamalik wa al-Masalik. Además de la geografía y la botánica, también escribe sobre fauna, zoología y aspectos terapéuticos. Sus trabajos serán pronto traducidos al latín y sus libros serán muy conocidos en Oriente y Occidente durante varios siglos. La fecha de su muerte no es un dato seguro: unas fuentes hablan de 1166 y otras de 1180.

Ibn al Abbar (1199-1262)
Abu 'Abdullah Muhammad ibn ‘Abdullah ibn Abu Bakr al Quda'i, conocido por Ibn al Abbar. Nace en Balansiyya [Valencia] en enero o febrero del año 513 H [1199]. Al Abbar es el laqab o sobrenombre de su antepasado, acaso indicativo de su oficio: fabricante de agujas. Los quda'ies constituían una familia yemení establecida desde antiguo en Onda, ciudad del reino de Balansiyya [Valencia]. El padre de Al Abbar era uno de esos poetas alfaquíes que entonces componían la élite de Valencia. Refiere Ibn al Abbar que recibió de él la mejor educación, y que le llevaba a las tertulias literarias a las que asistía. De Abul Rabl' ibn Salim y de AbuI Jattab ibn Wayib al Qaysi obtuvo su sólida formación de historiador, que le hizo uno de los más importantes de Al Andalus. Al parecer, no tiene hermanos varones, pues no los cita al hablar de su padre, ni al referir que heredó de él «todos sus libros». En su alegre juventud, cultiva la poesía. Pronto inicia su carrera de funcionario. Viaje por al Andalus para ampliar sus conocimientos de hadiz. En 619H [1222], estando en Badajoz, conoce la muerte de su padre, retornando de inmediato a Balansiyya [Valencia]; allí queda bajo la tutela de su maestro, Abul Rabi ibn Salim. Entra por esta época a trabajar de secretario del gobernador Abu Zayd y al tiempo contrae matrimonio con una mujer de la familia de Ibn al Wazir, originaria de Paterna. En el año 626 H [1229], Abu
Yamíl ibn Zayyan ibn Mardanish, hijo del héroe local que se alzó contra los almorávides, protagoniza ahora el mismo papel contra los almohades. Abu Zayd huye con su secretario a tierra cristianas y se acoge a la protección de Jaime I de Aragón para que le ayude a recuperar Balansiyya [Valencia]. Como acabase haciéndose cristiano, lbn al Abbar decide abandonarle y volver a al Andalus. Tras una serie de peripecias lo hayamos de nuevo en Balansiyya [Valencia] en el 629 H [1231], reconciliado con Ibn Mardanish, que en la época almohade había sido amigo y colaborador suyo y ahora le nombra su visir. Tras la derrota de Las Navas de Tolosa (609 H (1212)], al Andalus se divide en unas nuevas taifas, las terceras de su historia. El caudillo andalusí lbn Hud es aclamado en Mursiyya [Murcia] y, casi todo al Andalus, e lbn Mahfuz se apodera de Niebla, pero nadie puede impedir que Fernando III conquiste Qurtuba [Córdoba] (634 H [1236]). Jaime I derrota a los musulmanes en Pueyo de Cebolla (635 H [1237]), y un año después inicia el asedio de Balansiyya [Valencia]. Abu Yamil decide enviar una embajada marítima a pedir socorro al emir hafsi de Túnez, poniendo al frente de ella a lbn al Abbar. Allí recita su famosa casida en la que describe las trágicas circunstancias que atravesaba al Andalus «Tabernas donde antes hubo lugares sagrados, iglesias donde antes hubo mezquitas». Emocionado, el sultán resuelve ayudarles enviando doce naves con armas, pertrechos y dinero, pero al llegar a Balansiyya [Valencia] se encuentran el puerto bloqueado y han de desviarse a Daniyya [Denia]. Cuando Ibn al Abbar llega a Valencia sus habitantes ya se disponen a rendirse. El emir le elige mediador en las negociaciones y el 29 de Septiembre de 1238 [636H] firman el acta de entrega. De Balansiyya [Valencia] van a  Daniyya [Denia], desde donde se les vuelve a expulsar más tarde. Habiendo vuelto a acudir a Túnez en 637 H [1239], el quda'i regresa a Mursiyya [Murcia] con Abu Yamil en el año 638 H [1240], para poco después emigrar con su familia a Túnez, donde permanecerá el resto de su vida. El emir lo acoge excelentemente, haciéndole su panegirista y el escriba de su divisa en los documentos oficiales. Pero el hecho de ser sustituido en esta última función por un escriba oriental parece que es la causa de que exprese sus protestas y el emir le destierre a Bugía en el 646 H [1248]. Lo cierto es que Ibn al Abbar tienea ya algunos enemigos en la corre, como el envidioso visir Ibn Abul Husayn. En Túnez ha terminado de escribir su Takmila li Litab al Sila, sobre biografías de sabios de al Andalus. En Bugía termina al Hulla Isiyara, biografías de los príncipes poetas que hubo en el Islam. Allí mismo escribe I'tab al kuttab [Disculpa de los secretarios], en cuya introducción pide al emir y a su heredero que le perdonen. Es perdonado por Abu Zakariyya, pero éste muere poco después y le sucede su hijo ‘Abdullah, más tarde llamado al Mustansir billah, monarca cruel que durante su vida habrá de sofocar constantes revueltas. Ibn al Abbar pasa a ser su consejero. Los historiadores posteriores tienden a describir a Ibn al Abbar como orgulloso y antipático, señalando que suele irritar al emir con su erudición y sus elogios a al Andalus. Es muy probable que su carácter se hubiera degradado desde que se exiliara de al Andalus, al perder amigos y recuerdos. Por otra parte la emigración andalusí ha ido a parar mayoritariamente a Bugía y Túnez, en cuya administración se colocan muchos de ellos, lo que provoca la hostilidad de los tunecinos. No se sabe por qué, en el año 650 H [1252], al Mustansir le destierra a Bugía como hiciera su padre antes, y allí escribe su Durar al simt fi jabar al sibt, además escribe una obra análoga en verso hoy perdida. Al extinguirse definitivamente el califato de Bagdad en 1258, al Mustansir se proclama califa, y las mismas Medina y Meca le dieron su reconocimiento. En el 560 H [1259] Ibn al Abbar recibe una carta en la que se le comunica que ha sido perdonado, pero un año más tarde sus enemigos urden contra él el peor complot, que desemboca en su condena a muerte. Se desconoce la causa exacta de su ejecución, pero se barajan varias: que había hecho un horóscopo al príncipe heredero al Wathiq que había desagradado a su padre, que se le acusaba de practicar la astrología y de ser shi'í (¿acaso por su obra: Durar al simt?), que había hablado o escrito mal de su emir o que estaba implicado en una gran conspiración. El resultado es que el califa mandó hacer un registro de su casa a sus peores enemigos, que encontraron allí un verso en el que insultaba así a al Mustansir: «En Túnez reina un tirano al que neciamente llaman califa». lbn al Abbar muere alanceado el 6 de enero de 1260 [658H], y su cadáver y sus libros son quemados. Sin embargo hoy es famoso en todo el mundo árabe y recibe elogios de los historiadores europeos, sobre todo en su calidad de historiador. Conocemos siete u ocho de sus discípulos, entre ellos a lbn Salilh al Kinani, de Shativa [Játiva] (muerto en 1299), que transmite su libro Durar al simt, al historiador y místico al 'Abdari y a otros, y fue maestro de Abul Muhayman al Hadrami; Abu Ishaq ibn Abul Qasim al Tuyani (muerto en 1.262 dC), funcionario tunecino que le defendió entre sus compatriotas, y su hijo Abul Hasan ibn 'Ali, que recibió de Ibn Salih el Durar al simt.


Avempace
 Abu Bakr Muhammad ibn Yahya ibn al-sa'iq ibn Bayya,
 filósofo, nació en el seno de una familia de artesanos, en Zaragoza, en 1070, en el período de los Reinos de Taifas. Con la desaparición del Califato de Córdoba, la descentralización política e ideológica fomentó la actividad cultural, con las bibliotecas y los intelectuales, artistas y científicos diseminándose por la Península. Así surgieron las Escuelas de Filosofía de Badajoz, Toledo, Zaragoza y Almería. Avempace estudió en la Escuela de Filosofía de Zaragoza. Su fama como músico, poeta y filósofo se difundió rápidamente. Residió en Sevilla, Granada, Jaén y Fez. Aparte de sus comentarios a Aristóteles, sus obras más importantes son sus comentarios a Galeno y a al-Farabi. Murió envenenado en la corte de Fez en 1138

Ibn Arabi
 Nacido en Murcia, recibió su educación en Sevilla. Viajó por varios países árabes. Místico, sus revelaciones de Dios llegaron a influir fuertemente en la doctrina sufista islámica. Es el autor de "Las revelaciones de la Meca".


lunes, 17 de junio de 2013

La vida intelectual en el al-Andalus califal.

   La vida intelectual, ya importante en las etapas de al-Andalus anteriores al califato, cobró un nuevo empuje, quizás debido a la comunicación cultural que existía con el resto del mundo musulmán, a pesar de la enemistad del califato omeya y andalusí con los califatos abbasíes y fatimies. Por supuesto, tanto en el terreno literario como científico, la diferencia de la España cristiana con la España musulmana era abismal, así como con el resto de Europa.
   La poesía, a la que eran tan dados los literatos árabes, alcanzó grandes cotas de belleza y perfección al cantarle al amor, a la guerra, a la mujer o a las flores. Ibn Faray de Jaén es autor de una obra muy apreciada El Libro de los Huertos; a al-Mutanabi de Cufa, considerado " el mayor poeta de los árabes "; a Yafar al Mushafi y a al-Zubaydi, preceptor del heredero al-Hakam, o al poeta oficial de Abd al-Rahman III, Ibn Abd Rabbihi, excepcional cantando al amor y al vino, con versos de una belleza inigualable. Muchos de esos poetas destacaron también en otros campos. El mismo Ibn Abd Rabbihí escribirá la obra El Collar, de contenido muy variado,, que abarca temas tales como la guerra, la oratoria, la higiene y la dietética, el lenguaje de los beduinos, la música o el canto a las mujeres.
   La gramática árabe alcanzó un gran desarrollo, especialmente con Abu Alí al-Qali, que llegó a Córdoba en 941, procedente de Bagdad. Son famosos sus tratados El Libro de los Dictados y el diccionario Libro de las rarezas del lenguaje.
   En la historia es importante Ahmad ibn Muhammad al-Razi, que según Levi Provençal, fue el " primero en codificar las reglas de la composición histórica ". También su hijo, Isa, escribió sobre historia. Al-Razi decicó una de sus obras a la genealogía de los andaluces ilustres, y otra más sobre los emires de al-Andalus y sobre los muladíes. Desgraciadamente, casi toda su producción se ha perdido y si conocemos más sobre él se debe a las frecuentes citas que hacen otros historiadores. Otro historiador fue Iban al-Qutiyya, conocido como " el hijo de la goda ", que escribió una curiosa Historia de la conquista de al-Andalus.
   La literatura geográfica, en la primera mitad del siglo X, alcanzó tanta difusión como desarrollo. Los autores hicieron descripciones de las costumbres, los rasgos físicos de los lugares y gentes de los países que recorrían. Al-Warraq  escribió Las Rutas y los Reinos, obra en la que combina los datos históricos con descripciones geográficas de gran interés.
   En cuanto a la ciencia, los campos más estudiados en la Córdoba califal fueron los referentes a las matemáticas, la astronomía y la medicina.
  Ahmas ben Nasr de Córdoba tiene una obra interesante y curiosa sobre geometría, De las dimensiones desconocidas. Los astrónomos Sahib al-Qibla y Ibrahim ben Abd Allah ben Hatim, fueron también alquimistas, pero toda su obra está impregnada de esoterismo lo que no les permitió avanzar más en el terreno cientifico. Los conocimientos esotéricos y supersticiosos serán muy comunes entre los astrónomos musulmanes y los astrólogos formarán, siempre, parte del séquito personal de emires y califas que les consultarán sobre los más variados aspectos, desde los días propicios para las batallas a cuál será el destino de sus herederos, según la conjunción de los astros.

   La medicina y la farmacopea, especialmente con los remedios basados en la botánica, alcanzarán gran renombre entre moros y cristianos. En este campo, resultaron de importancia capital las aportaciones hechas por gentes del mundo mozárabe y, sobre todo, judío. El médico más famoso del tiempo será un hebreo, Hasday ibn Saprut de Córdoba y Abu Sulayman ben Hassan, más conocido por Ibn Yulyul de Córdoba. El primero escribió Sobre la generación del feto y tratamiento de las embarazadas y recién nacidos y el segundo es autor de Comentario de los nombres de los medicamentos simples de Dioscórides, y un Tratado sobre los medicamentos de la Triaca. También los hermanos de origen iraní, al-Harraní, alcanzaron gran notoriedad como magníficos médicos.
   Pero, aun y con todo, el más famoso de los médicos andalusíes fue Abulcasis. Confeccionó una enciclopedia médica y quirúrgica, Disposición de la medicina para los que no son capaces de saberla por sí mismos. Esta importantísima obra, será objeto de una traducción latina que llevó a cabo Gerardo de Cremona, lo que puede darnos una idea de su repercusión en el desarrollo de la medicina europea medieval.
   Todos los campos del saber médico fueron cultivados por Abulcasis, desde la anatomía hasta la traumatología. Realizó interesantes dibujos sobre el material quirúrgico que empleaba así como propuestas sobre como tratar, mediante operación, enfermedades como el cáncer y la hidrocefalia. La traducción al árabe de la Materi Médica, de Dioscórides tuvo una importancia capital para el conocimiento en Córdoba y en todo el al-Andalus, de  las verdaderas propiedades de las plantas.
   Los reinados de Abd al-Rahman III y de su hijo al-Hakam II, fueron decisivos en cuanto a cultura y ciencia se refiere, porque, al-Andalus, después de asimilar lo mejor de la ciencia oriental, empezó a desarrollar toda su capacidad científica propia.

Yosef ben Saddiq
Nace en Córdoba en 1080. Filósofo hebraico-hispano que ostentó ser rabino de Córdoba.
Tuvo un puesto eminente como pensador, autor de una “Lógica” y de un importante tratado llamado “Microcosmos”, obra filosófica escrita en árabe, donde recomienda el estudio de la psicología para obtener en conocimiento de Dios y la perfección moral.
Su pensamiento tuvo influencia platónica y del neo-pitagorismo que tuvo tanta importancia en la mística judía como fundamento de los números primarios.
Sus teorías encontraron eco en el siglo XVI en Paracelso. Escribió sus poemas en moaxajas, composición culta propia del al-Ándalus que fue imitada por los poetas judeo-hispanos.

Ibn Rushd, 
un genio versátil, es el autor de aproximadamente 20 tratados. Incluyendo sus trabajos enciclopédicos, 'Kitab al Kulliyat fi Tibb' (Reglas Generales de Medicina).
Este libro se compone de 7 volúmenes, respectivos tratados de anatomía, fisiología, patología general, diagnostico, materia medica, higiene, y terapia general. Él mismo consideró que nadie sufre dos veces de viruelas. También él entendió completamente la función de la retina...
Aunque su fama como medico fue eclipsada por su fama como filósofo.
No obstante los escritos médicos de Averroes gozaron, con todo, de una difusión extraordinaria hasta bien avanzado el Renacimiento. Buena prueba de ello son las tempranas y múltiples traducciones al hebreo y latín. En la segunda mitad del siglo XV, cuando el recién estrenado invento de la imprenta multiplica infinitamente las posibilidades de la palabra escrita, no tardan en imprimirse las principales obras del médico cordobés, datando de 1482 la primera edición latina
Al final de su vida dijo que en la ciudad de Córdoba era donde más libros había, seguramente porque todavía recordaba la gran biblioteca de Alhaken II.



 

sábado, 8 de junio de 2013

MEDINA AZAHARA: Bella entre las Bella.

Medina Azahara, castellanización del nombre árabe مدينة الزهراء Madīnat al-Zahrā' (‘la ciudad brillante’), es una ciudad palatina que mandó edificar Abderramán III (Abd al-Rahman III, al-Nasir) a unos 8 km en las afueras de Córdoba en dirección oeste, más concretamente, en Sierra Morena.
Los principales motivos de su construcción son de índole político-ideológica: la dignidad de califa exige la fundación de una nueva ciudad, símbolo de su poder, a imitación de otros califatos orientales y sobre todo, para mostrar su superioridad sobre sus grandes enemigos, los fatimíes de Ifriqiya, la zona norte del continente africano. Además de oponentes políticos, lo eran también en lo religioso, ya que los fatimíes, chiíes, eran enemigos de los omeyas, mayoritariamente de la rama islámica suní.

Respecto al origen del nombre podría provenir, como se ha dicho anteriormente, del nombre de su esposa más querida al-Zahrá, el cual significa "La Flor" quien le sugirió construir una hermosa ciudad extramuros de Córdoba, una ciudad que llevaría el nombre de la amada y se convertiría en la "Ciudad de al-Zahrá" , la "Ciudad de la Flor de Azahar". Pero esto es más leyenda que realidad ya que al-Zahrá también significa “La Resplandeciente”, palabra que está emparentada a otras que, en esa lengua, significan “Venus” o la misma “flor”, por lo que simplemente puede hacer referencia a la propia nueva resplandeciente ciudad del califa.
La cultura popular  dice :
Abd al-Rahman había traído a Azahara desde Granada, pronto se convirtió en su preferida y, para demostrarle el amor que sentía por ella, ordenó la construcción de una ciudad palatina; para ello contrató a los mejores arquitectos y artesanos, compró los materiales más preciados, maderas, mármoles, azulejos; mandó construir hermosos jardines con flores y plantas traídas desde todos los rincones del mundo, los pobló con hermosos pájaros y mandó que en ellos creciesen árboles de exóticos frutos. Telas y muebles, comprados a los mercaderes más prestigiosos adornaban las estancias de la favorita Azahara, todo lo hizo el califa por su amor. Sin embargo Abd al-Rahman la sorprendía a menudo llorando y sus constantes regalos no conseguían su sonrisa. Le preguntó el motivo de su tristeza y qué debía hacer para contentarla, Azahara le respondió que a su tristeza el califa no podría ponerle remedio pues lloraba por no poder contemplar la nieve de Sierra Nevada, él le respondió “Yo haré que nieve para ti en Córdoba”.
 Inmediatamente mandó talar un bosque situado frente a la medina y replantarlo de almendros muy juntos unos de otros y cada primavera, cuando los almendros abrían su flor blanca, la nieve aparecía en Córdoba sólo para su amada Azahara, que no volvió a llorar.

El yacimiento arqueológico de Medina Azahara está declarado Bien de interés cultural en la categoría de monumento desde el año 1923.
Situada a unos 8 kilómetros al oeste de Córdoba, en las últimas estribaciones de Sierra Morena, en la ladera del Yabal al-Arus, ( Monte de la Desposada ) frente al valle del Guadalquivir y orientada de norte a sur, sobre un espolón de la sierra, entre dos barrancadas, que se adentra en la campiña se encuentra Medina Azahara o Madinat al-Zahra, calificada como el Versalles de la Edad Media. Fue elegido por los extraordinarios valores del paisaje, permitiendo desarrollar un programa de construcciones jerarquizadas, de tal manera que la ciudad y la llanura extendida a sus pies quedaban física y visualmente dominadas por las edificaciones del Alcázar. Su implantación en el territorio generó una red viaria e infraestructuras hidráulicas y de abastecimiento para su construcción, conservada en parte hasta la actualidad en forma de restos de caminos, canteras, acueductos, almunias y puentes.
Aprovechando perfectamente el desnivel del terreno, la ciudad palatina de Medina Azahara fue distribuida en tres terrazas; el recinto de la ciudad adopta un trazado rectangular, frente a la idea laberíntica y caótica característica del urbanismo musulmán. De 1500 m de lado en sentido este-oeste y unos 750 m de norte a sur, se ve tan sólo deformado en el lado norte por las necesidades de adaptación a la difícil topografía del terreno.
Aunque el origen de la ciudad no carece de elementos legendarios, se sabe que la construcción comenzó a finales del 936 de la era cristiana, estando las obras a cargo del maestro alarife Maslama ben Abdallah, y se continuó durante los cuarenta siguientes, alcanzando los tiempos de su hijo y sucesor en el califato, al-Hakam II. En el 945 se produce el traslado de la corte a esta ciudad, que en esos momentos cuenta con la Mezquita Aljama (941), aunque la Ceca o Casa de la Moneda no se traslada hasta 947-948. Al erigir esta majestuosa ciudad el califa cordobés pretendiera anular –y aun superar- a los califas orientales abbasíes, y especialmente la famosa ciudad y corte de Samarra.
Transcurridos poco menos de cien años, sin embargo, todo este conjunto monumental y fastuoso quedó reducido a un inmenso campo de ruinas, pues fue destruido y saqueado en el 1010, como consecuencia de la guerra civil (o fitna) que puso fin al Califato de Córdoba. Los saqueos, los enfrentamientos y los incendios destrozaron la ciudad más bella de occidente. Fue utilizada como cantera artificial para la construcción de otras edificaciones posteriores en la ciudad de Córdoba, cayendo progresivamente en el olvido hasta que desapareció, en una fecha imprecisa, del ideario colectivo

Arquitectura de la Ciudad Palatina 

Debido a la topografía del suelo, que se encuentra en pendiente, la ciudad se construyó sobre tres terrazas superpuestas, que correspondían a tres partes de la ciudad separadas por muros. La residencia califal dominaba toda el área desde la terraza superior situada al norte. La explanada media albergaba la administración y las viviendas de los más importantes funcionarios de la corte. La inferior estaba destinada a la gente del pueblo y los soldados, allí se encontraban la mezquita, los mercados, los baños y también los jardines públicos. Se advierte también una notable separación entre los espacios públicos y los privados, aun ofreciendo ambos sectores un esquema similar: un espacio abierto, porticado, actúa como antefachada monumental de una puerta de reducidas dimensiones en la que se inicia una calle o corredor quebrado que va alcanzando a los distintos salones. Los espacios más deslumbrantes son los integrados en la zona oficial, destinada a la actividad política y a la recepción de personalidades extranjeras, sobre todo los Salones de Embajadores, que son dos: el Salón Occidental y el Salón Oriental, asociados ambos a sus correspondientes jardines.

La Puerta Norte.

La puerta norte se abre en el centro de la muralla septentrional, es el punto de llegada del denominado camino de los Nogales, la vía de comunicación más rápida con la ciudad de Córdoba en aquel entonces. La puerta presenta una disposición acodada que nos conduce a la estancia del cuerpo de guardia. La puerta norte así como el resto de la muralla esta constituida sillares de piedra bien formados colocados a soga y tizón. Desde la puerta norte se inicia, hacia la izquierda, una rampa descendente de forma quebrada, que conecta con cuatro puertas y que nos lleva, a su vez, a la siguiente estructura destacable del sector público del alcázar.

La Casa Militar.
El siguiente espacio es el Dar al-Yund, más conocido como la Casa Militar. Se trata de un edificio de planta basilical con cinco naves longitudinales y una transversal rematada por saletas en sus extremos, donde se define un núcleo jerárquico formado por las tres naves centrales, aisladas del resto mediante puertas. El conjunto se completa con una gran plaza al sur, de la que no se conserva el suelo original,flanqueada por varias estancias en su lado oeste y una vivienda en el costado oriental. El edificio tiene la peculiaridad de conservar prácticamente integro su pavimento original de ladrillo. Por otra parte, el revestido de los muros se realizó con mortero pintado de almagra en el zócalo y blanco en el reto.

El Gran Pórtico.
El Gran Pórtico constituye la entrada más emblemática, simbólica y ceremonial al corazón del recinto del Alcázar, la zona más noble de la ciudad palatina, dando acceso a la zona administrativa y política del mismo. Se concibió inicialmente con catorce arcos practicables, constituyendo la fachada oriental de una gran plaza rodeada de otras construcciones. Todos los arcos son escarzanos, excepto el central, que es de herradura; los arcos están erigidos sobre pilares y alineados en dirección norte-sur a partir del amurallado norte. La decoración de la arquería consistía en un enlucido blanco con la presencia alterna de dovelas de ladrillo y piedra. Se trata de una organización efectista, puramente escenográfica, ya que su principal función era impresionar a todos aquellos que se acercasen, sin correspondencia alguna con el espacio trasero, donde se abre una sola puerta de reducidas dimensiones.

Salón Rico.
El denominado como salón de Abd al-Rahman III, salón oriental o simplemente salón rico constituye la parte más valiosa de todo el conjunto arqueológico, tanto por su calidad artística, como por su importancia histórica, siendo considerado sin discusión alguna el auténtico símbolo y emblema de todo el conjunto califal de Madinat Al-Zahra.

Nadie pone en duda en la actualidad que este salón era el eje central del recinto palaciego, considerado por unanimidad entre los especialistas como el salón de las grandes ceremonias palatinas, fiestas, ceremonias, recepción de embajadores extranjeros y salón del trono, por eso, no debe extrañarnos la suntuosidad y riqueza de su decoración, de la que ha derivado el apelativo de salón rico. Abd al-Rahman III, amante del boato cortesano, gustaba de impresionar a sus visitantes, a los que generalmente recibía aquí, por eso el lujo y el virtuosismo del arte califal alcanzan su punto culminante en estas habitaciones.

La construcción del salón duró tan solo tres años, tal y como los investigadores han podido averiguar por las inscripciones epigráficas aparecidas en las basas y pilastras de su interior, que nos dan una cronología que va del año 953 al año 957. Por otro lado, la brevedad cronológica y la efímera vida de Madinat Al-Zahra nos aseguran no obstante estar ante la presencia de un conjunto decorativo y arquitectónico muy unitario, lo que nos permite admirar en este salón, sin añadidos posteriores, el arte califal omeya del reinado de Abd al-Rahman III en todo su esplendor.

El salón rico no es propiamente un único espacio diáfano, tal y como su denominación nos puede llevar a creer, sino que en realidad se trata de un conjunto de espacios y salas compartimentadas, formando todas ellas en conjunto la morfología de un único salón dividido por arcadas. Estructuralmente, la sala tiene planta basilical de tres naves longitudinales con otra transversal en su entrada que hace las veces de pórtico, con unas medidas exteriores de 38 x 28 metros. Las cabeceras de estas tres naves longitudinales aparecen rematadas por arcos ciegos de herradura, en uno de los cuales, el central, se supone que estaría situado el trono desde donde el califa dirigía el ceremonial palatino. El eje central del conjunto es la nave central longitudinal, separada de las restantes naves laterales por un conjunto de seis arcadas de herradura a ambos lados, mientras que de la transversal, se separa por tres arcos también de herradura. Junto a estas tres naves centrales y en paralelo, flanqueando ambos lados, se sitúan dos naves exteriores divididas en tres cámaras de desigual tamaño.

Si en algo destaca el salón rico, como ya hemos dicho anteriormente, es por su fastuosa decoración. En primer lugar hay que destacar el constante uso del arco de herradura califal con policromía bicolor y con la tan característica alternación de dovelas en rojizo y en tonos carne provenientes de la piedra arenosa original destinada a la construcción, muy semejantes a las existentes en la mezquita (actual catedral) de Córdoba. Los arcos están sostenidos a su vez por columnas de mármol de primerísima calidad que alternan los tonos rosados con los azules claros, produciéndose de este modo un curioso juego de colores. Los fustes de las columnas aparecen rematados por los característicos capiteles de avispero.

El resto de la superficie de la pared se recubría íntegramente con finos paneles decorativos tallados en mármol. El tema elegido para los paneles tenía un alto simbolismo cosmológico, algo muy en concordancia con la techumbre de madera que recubría la estancia, donde estaban representadas las estrellas en una clara alusión al firmamento. El motivo labrado en los paneles representaba el árbol de la vida, un motivo exportado desde el viejo oriente. Los tableros eran ejecutados de manera simétrica sobre un eje. Por otra parte, el relieve cortado verticalmente le proporcionaba a la decoración una calidad gráfica abstracta, mientras que la decoración interna, cortada también de manera dura, estaba constituida por facetas y cogollos de hojas, así como cálices de flores, que son motivos muy típicos del arte hispano-omeya.

Mezquita Aljama.

La Mezquita Aljama es una de las primeras edificaciones construidas en Madinat al-Zahra entre los años 941 y 945. Es la mezquita principal de la ciudad, donde el soberano, o la persona en quien este delegara, dirigía la oración comunitaria de los viernes. La mezquita se encuentra adosada al costado oriental del Jardín Alto, pero externa al recinto del Alcázar, la parte central del conjunto califal. El edificio, a diferencia de la mezquita de Córdoba, está bien orientado hacia La Meca. Consta de un patio porticado en tres de sus lados y una sala de oración de cinco naves longitudinales separadas por arquerías perpendiculares al muro de qibla. Sólo el espacio de la maqsura, reservado para uso exclusivo del califa, se pavimentó con losas de barro, cubriéndose con esteras el suelo terrizo del resto del oratorio. El alminar, torre desde donde se llamaba a la oración, es de planta cuadrada al exterior y octogonal en el interior, ubicándose junto a la puerta norte del acceso al patio.

La Casa de la Alberca.

La casa de la Alberca, o más conocida popularmente como vivienda de la Alberca, se encuentra situada al oeste de la denominada casa de Yafar, y se considera, casi de manera unánime y sin que hayamos podido encontrar evidencias claras que nos lo garanticen como la residencia del príncipe heredero Alhakén, hijo de Abderramán III, y que sucedería a su padre  como califa y príncipe de los creyentes en el año 961 tras la muerte de este. Respecto a su cronología, se trata de una de las construcciones más difíciles de datar de todo el conjunto, siendo muy difícil de aportar una fecha precisa para este, aunque se evidencia, por comparaciones estilísticas, una fecha de ejecución bastante temprana.
Estructuralmente destaca por ser la única construcción de todo el conjunto que presenta una planta en torno a un jardín centralizado con alberca, lo que proporciona a este recinto de viviendas uno de los espacios más íntimos de todos los conjuntos palaciegos de la ciudad califal.
A los lados menores del patio se abren, mediante fachadas de triple arquería profusamente decoradas varias estancias alargadas dispuestas de dos en dos en cada crujía. También presenta en uno de sus lados un baño adosado, baño al que en un principio se le confirió un uso privado y que más tarde seria reformado para ser compartido por las cercanas dependencias de la casa de Yafar.

La Casa de Yafar.

La Casa de Yafar recibe su nombre por Ya´far ibn Abd al-Rahmán, designado primer ministro (hayib) en el año 961. Pese a la denominación, no tenemos todavía asegurada con certeza que la residencia de este personaje estuviese aquí, basándonos únicamente en las intuiciones e investigaciones de los especialistas. Su estructura se articula alrededor de tres ámbitos espaciales, organizados en torno a sus correspondientes patios, todos ellos de distinto carácter: uno público, uno íntimo y otro de servicio. El espacio oficial es constituido por una edificación de planta asimilable a la basilical, que cuenta con tres naves longitudinales que comunican entre si mediante puertas rematadas por arcos de herradura, así como una nave transversal abierta al patio, donde se interrumpe la correspondencia existente entre las naves longitudinales la fachada, con el objeto de adaptar esta última al espacio creado por la construcción de un baño contiguo. La fachada se organiza mediante una triple arcada de herradura soportada por comunas. En cuanto a la decoración del edificio, éste se pavimentó con gruesas losas de mármol blanco, excepto en el patio, donde se emplearon piedras de caliza violácea; además, destaca la decoración de ataurique de la fachada con temática vegetal y geométrica, que también está presente en el vano de comunicación de la nave transversal y la central, que ostenta sendos tableros en los frentes y las jambas del vano.

La Casa Real
La Casa Real se sitúa en el punto más elevado del Alcázar y es la residencia íntima del califa Abd al-Rahman III. La vivienda se organizó sobre una plataforma cortada en la roca donde se ubicaron una terraza delantera y tres crujías paralelas de habitaciones extendidas a lo ancho, rematadas en los extremos con alcobas y decoradas íntegramente con atauriques. La Casa Real no se adosó sobre el macizo de sillares de la plataforma superior, sino que se separó del mismo a través de un largo corredor de servicio que atraviesa el conjunto. Tanto las fachadas de las habitaciones principales como las portadas interiores recibieron decoración de ataurique labrada en placas de piedra adheridas a los muros. La riqueza de esta ornamentación se extiende también a los pavimentos de ladrillo de las distintas estancias. Algunos son lisos, pero muchos otros recibieron un tratamiento decorativo a base de incrustaciones de piedra caliza blanca que dibujaban cenefas geométricas.

Los textos literarios e históricos se hacen eco de las cuantiosísimas sumas dedicadas a su construcción, de los enormes trabajos realizados al efecto, de su monumentalidad y esplendor artístico – hasta en el menor detalle- y del lujo y la ostentación que el califa desplegaba en las recepciones y ceremonias que allá se celebraban con frecuencia, pues de hecho la administración y la corte se trasladaron a la nueva sede. Entre otros, en sus ricos salones serían recibidos reyes cristianos hispánicos desposeídos de su trono, embajadores del emperador de Germania, emisarios de Borrell II de Barcelona… Torres Balbás (uno de los padres de la restauración monumental en España) se refiere así a estas ceremonias: “Tras subir entre apretadas filas de soldados ricamente uniformados, provistos de brillantes armas y en perfecta formación, llegaban monarcas y embajadores al salón oriental de Madinat al-Zahara, abierto a una terraza, cuyos muros cubrían ricas alfombras. Al fondo, sentado sobre almohadones y rodeado de todos los dignatarios de su brillante corte, aparecía el califa. Semejante a una divinidad casi inaccesible. Ante él se postraban en tierra, y el soberano, con insigne fervor, les daba a besar su mano”.

El cuadro del pintor catalán D. Baixeras (Barcelona, 1862-1943), en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, pretende rememorar una recepción de embajadores de Bizancio en Medina Azahara, a base de los recursos y convencionalismos propios de la pintura orientalista de la época, empeñada en una forzada aunque pintoresca reconstrucción de la audiencia del monarca cordobés a los emisarios bizantinos
acompañados de unos monjes, que se muestran sobrecogidos por la magnificencia de la ostentación y esplendor de la suntuosa corte califal asentada en tan extraordinario recinto. A pesar de que su lugar de procedencia, la corte de Bizancio, no era precisamente un ejemplo de austeridad.

Al-Maqqari, que hizo una maravillosa descripción de esta ciudad de ensueño, habla de uno de los salones que sombraba por su belleza y el ingenio de su concepción. " ... el llamado salón de los califas, cuyo tejado era de oro y de bloques de mármol de variados colores, sólidos pero transparentes, y cuyas paredes eran de los mismos materiales. En el centro del salón...estaba una perla única ofrecida a al-Nasir por el emperador de León. Eran de oro y plata las tejas de este salón y en el centro había un gran pilón de mercurio. Daban entrada al salón 8 puertas de cada lado, adornadas con oro y ébano, que descansaban sobre pilares de mármoles y cristal transparente. Cuando el sol penetraba a través de estas puertas y se reflejaba en paredes y techo, era tal su fuerza que cegaba. Y cuando al-Nasir quería asombrar a alguno de sus cortesanos, bastaba que uno de sus esclavos pusiera en movimiento el mercurio e, inmediatamente parecía que toda la habitación estaba atravesada por rayos de luz y la asamblea empezaba a temblar, porque se tenía la sensación de que el salón se alejaba, sensación que duraba mientras se movía el mercurio ".
Información:
WIKIPEDIA
al-Andalus de Concha Masiá.

martes, 4 de junio de 2013

La Córdoba Califal.

   La España musulmana contaba con la importante herencia de las ciudades romanas, pero fueron muchas las nuevas ciudades creadas en al-Andalus a partir del siglo VIII. La ciudad de las ciudades, en el siglo X, era Córdoba. Importante en épocas históricas anteriores, al convertirse en la capital de la España musulmana, Córdoba fue el centro de una vida cultural y social animadísima.
   El contraste de la hermosa Córdoba con el resto de las capitales europeas no podía ser más acusado. La gran crisis del S. III y las invasiones bárbaras, habían arruinado el modelo urbano heredado de los romanos. Roma, en aquellos tiempos, tenía unos 20.000 ó 30.000 habitantes, que vivían en el Campo de Marte, mientras que los antiguos barrios de la época clásica estaban en un abandono casi total. Por ejemplo, la basílica de Letrán, quedó alejada de la población medieval. Y si hablamos de París era peor todavía. Los ataques de los normandos, a mediados del siglo IX, hicieron que restaurasen sus muralla, pero no era más que una modesta villa, con una población minúscula que se agrupaba alrededor de los monasterios de Saint-Marcel, Saint-Geneviéve y Saint-Germain-de Prés.
   Es difícil ofrecer datos fiables sobre cuál sería la  población en general y de Córdoba en particular. Sin embargo, las investigaciones de los últimos años, permiten aventurar algunas cifras. Córdoba tendría alrededor de  100.000 habitantes, siendo , posiblemente la ciudad más habitada de Occidente; le seguía Sevilla 60.000; Toledo con 30.000...
   Córdoba, bañada por el Guadalquivir, el " río grande " de los árabes, era la ciudad más importante o una de las principales del Mediterráneo. Rodeada de arboledas, de plantaciones, palacios y almunias, sus alrededores eran tan bello como la ciudad propiamente dicha. El viajero y cronista Ibn Hawqal, que la visitó en sus tiempos de esplendor decía que era admirable en todos los sentidos: por la belleza de sus construcciones, la arquitectura de sus mezquitas, la variedad y el surtido de sus mercados,la limpieza de los lugares y el gran número de baños.
   La Qurtuba musulmana estaba situada en la margen derecha del río, y en ella se daba la perfecta combinación de la actividad burocrática, propia de ser la capital del Estado, con la actividad económica, lo mismo en la producción que en el comercio o en la actividad artística. Claudio Sánchez Albornoz decía que en Córdoba se fundían los rasgos propios de la civilización musulmana  con los de Constantinopla que en aquellos momentos era el centro del poder del imperio romano de  Oriente.
   Su engrandecimiento empezó con el primer omeya, el emir Abd al-Rahman I, que comenzó la construcción de la gran mezquita, y que todos los gobernantes musulmanes se dedicarían a embellecer.
Reconstruyó también el recinto amurallado y el viejo Alcázar dotando a la ciudad de la primera infraestructura hidráulica. Se instalaron en la cuidad centros básicos de poder como la casa de correos y la ceca, o la casa de moneda. Pero sería Abd al-Rahman III el que daría a Córdoba el empuje que habría de convertirla en " la luz de occidente " y en " el ornato del mundo ". Cuando este califa accede al poder, el núcleo central de la ciudad, o medina, contaba con el Alcázar y la mezquita mayor y era, a la vez, el ámbito donde se llevaban a cabo los negocios y el lugar donde se asentaba el barrio judio. Por otro lado, la ciudad estaba también compuesta por un amplio conjunto de arrabales situados fuera de la ciudad propiamente dicha.
   La medina se levantó sobre los cimientos de la antigua ciudad romana y el centro vivo de Cordoba con una actividad desbordante, no importaba a qué hora del día. El Alcázar, situado allí, ya había sido residencia de los gobernantes romanos y visigodos, como lo fue también de los emires y califas musulmanes, pero éstos, lo ampliaron y reconstruyeron. Estaba organizado en dos partes, claramente definidas: una la parte oficial, sede de las oficinas donde tenían lugar las tareas políticas-administrativas del poder central, y la segunda, la residencia privada del emir o califa, donde vivía rodeado de sus más allegados. En esta zona se prodigaban los jardines y las fuentes, con amplias zonas de recreo.
   La mezquita mayor lindaba con el Alcázar, y era el edificio emblemático de los omeyas. Abd al-Rahman I ponía la primera piedra en el 784, pero la primera fase de su construcción no se completó hasta el emir Hisham I. El edificio, en forma de cuadrilátero, tenía , en principio, once naves y ocupaba el lugar que antaño fuera la impresionante basílica visigoda de  San Vicente. Su ampliación fue constante a lo largo del tiempo, y puede decirse que en ella se fueron plasmando todos los procesos artísticos de la España musulmana. Además de sus funciones religiosas, la mezquita servía también como lugar donde se enseñaba religión, se leían los comunicados oficiales y donde se bendecían los estandartes de los ejércitos que partían para las campañas. Al-Himyari la describe asi: Se trata de uno de los más nobles edificios del mundo por la amplitud de sus proporciones, la perfección de su fábrica, la belleza de su diseño y la solidez de su construcción. Los califas omeyas se ocuparon mucho de ella, haciendo sucesivas ampliaciones y remates hasta conseguir una perfección extrema. La vista se asombraba al contemplarla y su belleza era imposible de describir. Entre las mezquitas de los musulmanes no hay ninguna que se asemeje en ornamentación y proporciones ". Estas palabras siguen teniendo la misma vigencia. Es imposible plasmar la impresión y la hermosura que produce su bosque de columnas, el conservado mihrab...sobrecoge el ánimo tanta belleza, tanta armonía... Hoy, la mezquita de Córdoba es Patrimonio de la Humanidad.
   En la medina se encontraba, también , el zoco, o sea, el espacio dedicado al comercio. Los distintos oficios y actividades ocupaban espacios determinados. Así nos encontramos con la calle de los carniceros, la de los sastres, la de los pañeros, la puerta de los especieros....
La alcaiceria era el lugar donde se vendían los artículos de lujo, los importados y los más caros. En el zoco se situaban la mayoría de las alhóndigas, especie de posadas cuyo piso inferior estaba habilitado para establo de las bestías de carga y el piso superior servía tanto para almacenar mercancías como para alojamiento de mercaderes y comerciantes.
   Todo eso conformaba una medina abigarrada, llena de gente , activa, en la que apenas quedaban espacios libres. La medina estaba rodeada por un muro, de unos cuatro km de longitud, con siete puertas, para acceder a la misma.
   Los arrabales, muy numerosos, eran como pequeños pueblos, pues contaban con todo lo que podían necesitar para vivir las gentes que los habitaban en el siglo X: mercados, baños y, por supuesto, mezquita. En la zona situada al este de la medina existían seis arrabales donde estaban los principales talleres artesanales de Córdoba.
   Al noroeste la ciudad, se cree que estaba la manufactura real de tejidos. Eran fábricas estatales en las qeu se tejían productos como tapices, vestidos o túnicas y prácticamente, eran un monopolio. Su calidad y su belleza eran magníficas.
   Además, estaba dotada Córdoba de impresionantes jardines para esparcimiento de sus habitantes. Famosos eran los de " la alegría ", el de " Banu Amir " y el de " la noria ". De uno de estos jardines provenían las granadas de Safari, cuyo sabor era algo especial por su exquisitez y dulzura. Otro lugar para pasear que gozaba de gran predicamento entre los cordobeses, era la " pradera de aguas rumorosas ".
   Las almunias que rodeaban la ciudad eran, a la vez, explotaciones agrícolas y lugares de residencia en el campo. Pertenecían a los dirigentes omeyas y a los personajes destacados de la corte. Entre ellas se encontraban la de " al-Nau´ra " que fue una de las residencias favoritas de Abd al-Rahman III; la de Nasr, que albergó a la embajada bizantina, o la de Ibn al-Qurasiyya, propiedad de uno de los hijos de Abd al-Rahman III.
   Córdoba era la sede del saber, de la cultura, de la religión, que no obstante convivía bien con las sinagogas judías y las iglesias cristianas, con una vida diaria llena de actividades algunas tan singulares como la compra-venta de esclavos y el mercado de libros, objetos estos que desempeñaron un papel de gran relevancia. Fuentes conservadas, apuntan que en un arrabal cordobés vivían 170 mujeres dedicadas a la tarea de copiar manuscritos, llegando el libro a adquirir el valor del más suntuoso de los artículos, a tal punto que, fueron muchos los iletrados que se dedicaron a comprar libros en las subastas para exhibirlos en su hogar como algo precioso, formando bibliotecas que eran de buen tono en la sociedad de aquellos momentos.
   Los cordobeses se divertían participando y asistiendo a las carreras de caballos, aunque también eran frecuentes las carreras entre perros, palomas o camellos. Gustaban de las peleas de animales: entre perros o entre perros y toros. Se cree que también había peleas de gallos. La caza era otro de sus entretenimientos, practicada como una actividad de diversión y de ocio.
   Los juegos de mesa y los de azar tenían muchos adeptos y practicantes, en especial el juego del ajedrez. La pasión por este juego llegó a tales extremos, que los jugadores incluso llegaban a olvidar sus prácticas religiosas embebidos por las partidas, lo que por lo visto, no gustaba nada a los alfaquies.

Libro al-Andalus de Concha Masiá.

lunes, 3 de junio de 2013

Abd al-Rahman III, califa y principe de los Creyentes.

   En los inicios del año 929, Abd al-Rahman tomó la decisión política  más importante de su reinado: proclamarse " califa " y " príncipe de los creyentes ", añadiendo, a partir de entonces, a su nombre el título honorífico de al-Nasir li-din Allah, " el que combate victorioso por la religión de Alá ".
   Se sentía lo suficientemente fuerte en al-Andaluz para dar este paso, pues todos los insurrectos habían sido dominados. Y tal vez su decisión tenía otro significado, el de restablecer la dinastía omeya, encarnada por él, en el poder califal. Los abbasíes no eran los herederos legítimos del califato ortodoxo, ni mucho menos lo eran los soberanos cismáticos de Ifriqiya, sino ellos, los omeyas, capaces de trasladar su poder desde Damasco a Córdoba y sostenerlo a pesar de las innumerables dificultades a las que habían tenido que hacer frente.
   La palabra " Califa " deriva del término árabe jalifa, que quiere decir algo así como sucesor o lugarteniente.   El califa era, por tanto, el legítimo sucesor del Profeta, pero e su dignidad real. En el califa confluían varias funciones tales como la de imán, o jefe supremo de la comunidad de los creyentes del Islam; era, también, el garante de la ley transmitida, el comandante supremo del ejército y finalmente, llevaba el título de " príncipe de los creyentes ". Pero a pesar de todo esto, él mismo se consideraba solo un siervo del Misericordioso. Sus atribuciones eran muy amplias, pero para resumir, diremos que su máxima obligación consistía en ordenar el bien y prohibir el mal.
   Cuando decide autoproclamarse califa Abd al-Rahman III, según Valdeón, en su ánimo estaba reunir el mundo islámico alrededor de su persona y de su capital, Córdoba, contemplada como una nueva Damasco, pues el califato andalusí no innovaba, sino que continuaba la linea que habían trazado los califas omeyas.
   El primer sermón en el que se aplicaban a  Abd al-Rahman todos los nuevos títulos, tuvo lugar en la oración comunitaria, en la mezquita mayor de Córdoba, el viernes 16 de enero de 929. Los fieles asistentes se enteraron así del gran cambio que se había producido en al-Andalus.
   La nueva posición de al-Nasir se tradujo en un distanciamiento de sus súbditos. El  ceremonial de la corte se hizo más complicado y el califa permanecía como algo sagrado e inasequible. Se apoyaba en dos firmes pilares, por una parte, en la legitimidad de los omeyas y por otra, por sorprendente que pueda parecer, en los abbasíes, que habían derrocado a su familia, pues de Bagdad copió el modelo de estado todopoderoso y distante que, a su vez, ellos habían importado de Persia.

sábado, 1 de junio de 2013

Historia de Abdula, el mendigo ciego

Historia de Abdula, el mendigo ciego
Cuento de Las mil y una noches
          Lo primero que se ofreció a mi vista deslumbrada fueron unos montones de oro sobre los que se arrojó mi codicia
El mendigo ciego que había jurado no recibir ninguna limosna que no estuviera acompañada de una bofetada, refirió al Califa su historia:
-Comendador de los Creyentes, he nacido en Bagdad. Con la herencia de mis padres y con mi trabajo, compré ochenta camellos que alquilaba a los mercaderes de las caravanas que se dirigían a las ciudades y a los confines de tu dilatado imperio.
Una tarde que volvía de Bassorah con mi recua vacía, me detuve para que pastaran los camellos; los vigilaba, sentado a la sombra de un árbol, ante una fuente, cuando llegó un derviche que iba a pie a Bassorah. Nos saludamos, sacamos nuestras provisiones y nos pusimos a comer fraternalmente. El derviche, mirando mis numerosos camellos, me dijo que no lejos de ahí, una montaña recelaba un tesoro tan infinito que aun después de cargar de joyas y de oro los ochenta camellos, no se notaría mengua en él. Arrebatado de gozo me arrojé al cuello del derviche y le rogué que me indicara el sitio, ofreciendo darle en agradecimiento un camello cargado. El derviche entendió que la codicia me hacía perder el buen sentido y me contestó:
-Hermano, debes comprender que tu oferta no guarda proporción con la fineza que esperas de mí. Puedo no hablarte más del tesoro y guardar mi secreto. Pero te quiero bien y te haré una proposición más cabal. Iremos a la montaña del tesoro y cargaremos los ochenta camellos; me darás cuarenta y te quedarás con otros cuarenta, y luego nos separaremos, tomando cada cual su camino.
Esta proposición razonable me pareció durísima, veía como un quebranto la pérdida de los cuarenta camellos y me escandalizaba que el derviche, un hombre harapiento, fuera no menos rico que yo. Accedí, sin embargo , para no arrepentirme hasta la muerte de haber perdido esa ocasión.
Reuní los camellos y nos encaminamos a un valle rodeado de montañas altísimas, en el que entramos por un desfiladero tan estrecho que sólo un camello podía pasar de frente.
El derviche hizo un haz de leña con las ramas secas que recogió en el valle, lo encendió por medio de unos polvos aromáticos, pronunció palabras incomprensibles, y vimos, a través de la humareda, que se abría la montaña y que había un palacio en el centro. Entramos, y lo primero que se ofreció a mi vista deslumbrada fueron unos montones de oro sobre los que se arrojó mi codicia como el águila sobre la presa, y empecé a llenar las bolsas que llevaba.
El derviche hizo otro tanto, noté que prefería las piedras preciosas al oro y resolví copiar su ejemplo. Ya cargados mis ochenta camellos, el derviche, antes de cerrar la montaña, sacó de una jarra de plata una cajita de madera de sándalo que según me hizo ver, contenía una pomada, y la guardó en el seno.
Salimos, la montaña se cerró, nos repartimos los ochenta camellos y valiéndome de las palabras más expresivas le agradecí la fineza que me había hecho, nos abrazamos con sumo alborozo y cada cual tomó su camino.
No había dado cien pasos cuando el numen de la codicia me acometió. Me arrepentí de haber cedido mis cuarenta camellos y su carga preciosa, y resolví quitárselos al derviche, por buenas o por malas. El derviche no necesita esas riquezas -pensé-, conoce el lugar del tesoro ; además, está hecho a la indigencia.
Hice parar mis camellos y retrocedí corriendo y gritando para que se detuviera el derviche. Lo alcancé.
-Hermano -le dije-, he reflexionado que eres un hombre acostumbrado a vivir pacíficamente, sólo experto en la oración y en la devoción, y que no podrás nunca dirigir cuarenta camellos. Si quieres creerme, quédate solamente con treinta, aun así te verás en apuros para gobernarlos.
-Tienes razón -me respondió el derviche-. No había pensado en ello. Escoge los diez que más te acomoden, llévatelos y que Dios te guarde.
Aparté diez camellos que incorporé a los míos, pero la misma prontitud con que había cedido el derviche, encendió mi codicia. Volví de nuevo atrás y le repetí el mismo razonamiento, encareciéndole la dificultad que tendría para gobernar los camellos, y me llevé otros diez. Semejante al hidrópico que más sediento se halla cuanto más bebe, mi codicia aumentaba en proporción a la condescendencia del derviche. Logré, a fuerza de besos y de bendiciones, que me devolviera todos los camellos con su carga de oro y de pedrería. Al entregarme el último de todos, me dijo:
-Haz buen uso de estas riquezas y recuerda que Dios, que te las ha dado, puede quitártelas si no socorres a los menesterosos, a quienes la misericordia divina deja en el desamparo para que los ricos ejerciten su caridad y merezcan, así, una recompensa mayor en el Paraíso.
La codicia me había ofuscado de tal modo el entendimiento que, al darle gracias por la cesión de mis camellos, sólo pensaba en la cajita de sándalo que el derviche había guardado con tanto esmero.
Presumiendo que la pomada debía encerrar alguna maravillosa virtud, le rogué que me la diera, diciéndole que un hombre como él, que había renunciado a todas las vanidades del mundo, no necesitaba pomadas.
En mi interior estaba resuelto a quitársela por la fuerza, pero, lejos de rehusármela, el derviche sacó la cajita del seno, y me la entregó.
Cuando la tuve en las manos, la abrí. Mirando la pomada que contenía, le dije:
-Puesto que tu bondad es tan grande, te ruego que me digas cuáles son las virtudes de esta pomada.
-Son prodigiosas -me contestó-. Frotando con ella el ojo izquierdo y cerrando el derecho, se ven distintamente todos los tesoros ocultos en las entrañas de la tierra. Frotando el ojo derecho, se pierde la vista de los dos.
Maravillado, le rogué que me frotase con la pomada el ojo izquierdo.
El derviche accedió. Apenas me hubo frotado el ojo, aparecieron a mi vista tantos y tan diversos tesoros, que volvió a encenderse mi codicia. No me cansaba de contemplar tan infinitas riquezas, pero como me era preciso tener cerrado y cubierto con la mano el ojo derecho, y esto me fatigaba, rogué al derviche que me frotase con la pomada el ojo derecho, para ver más tesoros.
-Ya te dije -me contestó- que si aplicas la pomada al ojo derecho, perderás la vista.
-Hermano -le repliqué sonriendo- es imposible que esta pomada tenga dos cualidades tan contrarias y dos virtudes tan diversas.
Largo rato porfiamos; finalmente, el derviche, tomando a Dios por testigo de que me decía la verdad, cedió a mis instancias. Yo cerré el ojo izquierdo, el derviche me frotó con la pomada el ojo derecho. Cuando los abrí, estaba ciego
.
Aunque tarde, conocí que el miserable deseo de riquezas me había perdido y maldije mi desmesurada codicia. Me arrojé a los pies del derviche.
-Hermano -le dije-, tú que siempre me has complacido y que eres tan sabio, devuélveme la vista.
-Desventurado -me respondió-, ¿no te previne de antemano y no hice todos los esfuerzos para preservarte de esta desdicha? Conozco, sí, muchos secretos, como has podido comprobar en el tiempo que hemos estado juntos, pero no conozco el secreto capaz de devolverte la luz. Dios te había colmado de riquezas que eras indigno de poseer, te las ha quitado para castigar tu codicia.
Reunió mis ochenta camellos y prosiguió con ellos su camino, dejándome solo y desamparado, sin atender a mis lágrimas y a mis súplicas. Desesperado, no sé cuántos días erré por esas montañas; unos peregrinos me recogieron.